martes, 22 de noviembre de 2011

Pobre caballero




Os quiero contar la historia
de un eterno caballero.
Pene le llaman de nombre.
De profesión, fiel guerrero.

Una devoción profesa.
Liberar a la princesa
de su injusto cautiverio.

El manido caballero
se ha tomado muy a pecho
conquistar un viejo sueño.

Encontrar su cortesana
cautiva, casta y lozana
esperando a su guerrero.

A la puerta del castillo
(bien cerrada, por supuesto)
se sitúa el caballero.

Con sus dotes de estratega
traza un plan inteligente
y utiliza su cabeza
cual si fuera un ariete.

Contra la puerta arremete
una, otra y otra vez,
hasta que la puerta, cede.

No pierde tiempo, se mete.
Como será su sorpresa.
¡No se encuentra la princesa!

Sale. Y no queda satisfecho.
Tiene que asegurarse. Entra.
Sale, entra, sale, entra.
Que gusto le da esa puerta.
¡Caray! ¿Que coño tendrá?

Vuelve a mirar otra vez.
Ahora, por puro placer
pues según cruza el dintel
piensa, ¡que aún no aparezca!

Nada tiene que temer.
Su liberada princesa,
la gran puerta del castillo
se la pone entre las piernas.



La Cambrila

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